Clímaco Soto Borda

Clímaco Soto Borda

 

 Bogotá, Colombia, 22 de febrero de 1870 – íbid. 18 de agosto de 1919

EN LA CARAVANA

 

A Federico Bravo

 

Abandonó, saciado hasta las heces,

“su viejo vaso y su taberna oscura”,

y ve, sin entusiasmo y sin pavura,

la senda recorrida tantas veces.

 

Todo revuelto: triunfos y reveses,

pasión y engaño, ensueños y locura,

hambre y hartazgo, trono y sepultura;

laurel y ajenjo, mirtos y cipreses.

 

Va en el tumulto mientras arda el foco

del Arte y el Amor, que hacen acaso

digna la vida de vivirse un poco.

 

Y aquí pisando espinas, allí alfombras,

sigue, sin mucho afán, y se abre paso

con sus sueños…camino de las sombras.

 

EN LA TUMBA DE SILVA

 

A Eduardo Castillo

 

I

Rasgando la helada tiniebla

los ámbitos puebla

del reloj el cantar doloroso

que las horas marca;

y a la fría mansión del reposo

do reina la Parca,

llega el triste din-dán misterioso

lento, rítmico, lúgubre, igual…

 

II

Al mezclarse los largos gemidos

de las hojas que el ábrego barre

a los alaridos

que allá en su aquelarre

dan duendes, y trasgos, y brujas,

y a los raros dúos

que desde la torre de altivas agujas

entona la amante pareja de búhos

con voz gutural…

¡se oye una canción funeral!

 

III

 

En sus alas los vientos dispersos

y la brisa inquieta,

y el aura que gira,

van trayendo del muerto poeta

las canciones tristes, los alados versos

de su regia lira

de cuerdas de oro…

y en ágil y límpido coro,

prorrumpen rasgando el silencio letal…

¡en una canción inmortal!