Jorge Gaitán Durán

Jorge Gaitán Durán

Pamplona, 12 de febrero de 1924 – Pointe-à-Pitre:Guadalupe, Francia 21 de junio de 1962

 

SÉ QUE ESTOY VIVO

 

Sé que estoy vivo en este bello día

Acostado contigo. Es el verano.

Acaloradas frutas en tu mano

Vierten su espeso olor al mediodía.

 

Antes de aquí tendernos no existía

Este mundo radiante. ¡Nunca en vano

Al deseo arrancamos el humano

Amor que a las estrellas desafía!

 

Hacia el azul del mar corro desnudo.

Vuelvo a ti como al sol y en ti me anudo,

Nazco en el esplendor de conocerte.

 

Siento el sudor ligero de la siesta.

Bebemos vino rojo. Esta es la fiesta

En que más recordamos a la muerte.

 

SE JUNTAN DESNUDOS

 

Dos cuerpos que se juntan desnudos

solos en la ciudad donde habitan los astros

inventan sin reposo al deseo.

 

No se ven cuando se aman, bellos

o atroces arden como dos mundos

que una vez cada mil años se cruzan en el cielo.

 

Solo en la palabra, luna inútil, miramos

cómo nuestros cuerpos son cuando se abrazan,

se penetran, escupen, sangran, rocas que se destrozan,

estrellas enemigas, imperios que se afrentan.

 

Se acarician efímeros entre mil soles

que se despedazan, se besan hasta el fondo,

saltan como dos delfines blancos en el día,

pasan como un solo incendio por la noche.

 

AMANTES

 

Somos como son los que se aman.

Al desnudarnos descubrimos dos monstruos

desconocidos que se estrechan a tientas,

cicatrices con que el rencoroso deseo

señala a los que sin descanso se aman:

el tedio, la sospecha que invencible nos ata

en su red, como en la falta dos dioses adúlteros.

 

Enamorados como dos locos,

dos astros sanguinarios, dos dinastías

que hambrientas se disputan un reino,

queremos ser justicia, nos acechamos feroces,

nos engañamos, nos inferimos las viles injurias

con que el cielo afrenta a los que se aman.

 

Sólo para que mil veces nos incendie

el abrazo que en el mundo son los que se aman

mil veces morimos cada día.

 

Desnudos afrentamos el cuerpo

Como dos ángeles equivocados,

Como dos soles rojos en un bosque oscuro,

Como dos vampiros al alzarse el día,

 

Labios que buscan la joya del instante

entre dos muslos,

Boca que busca la boca, estatuas erguidas

Que en la piedra inventan el beso

Sólo para que un relámpago de sangres juntas

Cruce la invencible muerte que nos llama.

De pie como perezosos árboles en el estío,

Sentados como dioses ebrios

Para que me abrasen en el polvo tus dos astros,

Tendidos como guerreros de dos patrias

que el alba separa,

En tu cuerpo soy el incendio del ser.