José Eusebio Caro

José Eusebio Caro 3

Ocaña, 5 de marzo de 1817 — † Santa Marta, 28 de enero de 1853

 

EL POBRE

¡El pobre! Al pobre menosprecia el mundo
El pobre vive mendigando el pan;
Falsa piedad o ceño furibundo,
Cual un favor le dan.

La gloria al pobre le deniega un nombre,
El poder le deniega su esplendor,
La noche el sueño, su amistad el hombre,
La mujer el amor.

¡Oh verdes bosques, círculo del polo,
Montes, desiertos donde el rico va!
¡Mar insondable, eterno, inmenso y solo!
El pobre no os verá.

¡Ah! en los ojos del pobre brota el lloro,
Y no enternece un solo corazón;
Que las lágrimas sólo en copa de oro
Merecen compasión.

¡Vedle! su pie la tierra triste pisa;
Todo en él nos revela el padecer:
Ojos sin luz, y labios sin sonrisa,
Y vida sin placer.

Y empero el pobre tiene una esperanza
Que vale más que el mundo y mundos dos;
Inmenso bien que el oro vil no alcanza
El pobre tiene a Dios.

MEMORIAS

Dulces memorias,
Cual inefables glorias,
Hoy recibí que me has dejado:
¡Y hoy vuelvo humilde apenas un quizá!

Viejas historias,
Que son a ti notorias,
Esto en refrán han consagrado:
¡Quien recordó quizá después querrá!

¡Oh! ya lo veo
¡Oh! ya en tus ojos leo
Que a replicarme vas ceñuda:
¡Quien recordó tal vez odiando está!

¡Ah! si el deseo
También orgullo feo
No te parece, cual la duda,
Deja que al menos vuelva un ojalá.

Septiembre, 1838.

ESTAR CONTIGO

¡Oh, ya de orgullo estoy cansado,
ya estoy cansado de razón;
déjame, en fin, hable a tu lado
cual habla sólo el corazón!

 

No te hablaré ce grandes cosas;
quiero más bien verte y callar;
no contar las horas odiosas
y reír oyéndote hablar.

 

Quiero una vez estar contigo,
cual Dios el alma te formo;
tratarte como a un viejo amigo
que en nuestra infancia no amó.

 

Volver a mi vida pasada,
olvidar todo cuanto sé,
extasiarme en una nada
y llorar sin saber por qué.

 

¡Ah!, para amar Dios hizo al hombre.
¿Quién un hado no da feliz
por esos instantes sin nombre
de la vida del infeliz,

 

Cuando, con la amarga desgracia
de amor doblado su poder,
toda su alma ardiendo vacía
en el alma de una mujer?

 

¡Oh, padre Adán! ¡Qué error tan triste
cometió en ti la humanidad,
cuando a la dicha preferiste
de la ciencia la vanidad!

 

¿Qué es lo que dicha aquí se llama,
sino no conocer temor,
y con la Eva que se ama,
vivir de ignorancia y de amor?

 

¡Ay!, más con todo así nos pasa:
con la patria y la juventud,
con nuestro hogar y antigua casa,
con la inocencia y la virtud.

 

Mientras tenemos despreciamos,
sentimos después de perder,
y entonces aquel bien lloramos
que se fue para no volver.