Luis Vargas Tejada

Luis Vargas Tejada

Bogotá,  1802 – ¿?- 1829

RESIGNACIÓN

 

No importa que el poder y la venganza

para labrar mi ruina se coliguen,

y encarnizados contra mí persiguen

cuantos recursos su furor alcanza.

 

Los crueles dardos que su mano lanza

penetrar a mi asilo no consiguen;

y por más sangrientos me persiguen,

no agotan en mi pecho la esperanza.

 

Porque supe ser hombre, como a fiera

la sociedad me arroja de su seno;

mas la virtud su imperio recupera,

 

y con su influjo,  de constancia lleno,

sabré burlar la proscripción severa,

o hasta el cadalso caminar sereno.

 

DORAMINTA

 

Ya todos tus deberes has llenado,

infeliz corazón, ¿por qué suspiras?

¿por qué quieres con bárbaros recuerdos

renovar el dolor de tus heridas?

Es tiempo de olvidar eternamente

dulces instantes y soñadas dichas

que mi  pecho engañado embelesaban

y un feliz porvenir le prometían.

Volaron a la nada para siempre

de un amor inocente las delicias,

y el cielo ha reprobado unos afectos

más puros que la fuente cristalina

que brotando del seno de una roca

en doradas arenas se desliza.

¡Ay! arroyo infeliz de mi ternura,

llegaste al mar de mi fatal desdicha,

y tus ondas se pierden en tu seno

en amargas espumas convertidas.

 

ESPERANZA FRUSTRADA

 

Yo vi brillar un rayo pasajero

de esperanza, contento y alegría,

recibióle con ansia el alma mía,

sintió aliviar los males de que muero.

 

Mas, ¡Ay de mí! Qué rápido y ligero

vi que al instante de mi pecho huía,

y tornó la fatal melancolía

a dominarme con rigor severo.

 

Así el atribulado caminante

que en noche tenebrosa errando vaga,

ve lucir un relámpago brillante;

 

un momento de luz su vista halaga;

mas ella solo dura un corto instante,

y en las tinieblas su esplendor apaga.

 

MI ASILO

 

De un bosque enmarañado en la espesura,

bajo un peñasco inmóvil y musgoso,

negra mansión del búho pavoroso,

hubo una cueva, aunque pequeña, oscura.

 

En las montañas de la tierra dura,

aquí mis manos con afán penoso

cavaron un asilo tenebroso,

de un ser viviente triste sepultura.

 

Un giro anual el sol ha completado

desde que ausente y solitario moro

en mi lóbrega tumba confinado.

 

Aquí mi amarga situación deploro;

y cuánto tiempo en tan fatal estado

he de yacer, ¡ay infeliz! ignoro.