Rafael Pombo

Rafael Pombo

Bogotá,  7 de noviembre de 1833 – Bogotá,  5 de mayo de 1912

 

 

LA MARRANA PERIPUESTA

 

Viénele a un mono la chusca idea
de ornar con flores a una marrana,
y ella al mirarse ya tan galana,
envanecida se contonea,
a cuantos mira grúñeles: << ¡Ea!>>
<< ¡paso a la Venus! ¡todos atrás!>>

-<< ¡Ah! dijo el zorro: siempre eres fea; pero adornada: ¡mil veces más!>>

 

JUAN MATACHÍN

 

¡Mírenle la estampa!
Parece un ratón
que han cogido en trampa
con ése gorrión.

Fusil, cartuchera,
tambor y morral,
tiene cuanto quiera
nuestro general.

Las moscas se espantan
así que lo ven,
y él mismo al mirarse
se asusta también.

Y a todos advierte
con lengua y clarín
<<“¡Ay de aquél que insulte a Juan Matachín!”. >>

 

PASTORCITA

 

Pastorcita perdió sus ovejas
¡Y quién sabe por dónde andarán!
-No te enfades, que oyeron tus quejas
y ellas mismas muy pronto vendrán.
Y no vendrán solas, que traerán sus colas,
Y ovejas y colas gran fiesta darán.

Pastorcita se queda dormida,
y soñando las oye balar;
se despierta y las llama enseguida,
y engañada se tiende a llorar.
No llores, Pastora, que niña que llora
bien pronto la oímos reír y cantar.

Levantóse contenta, esperando
que ha de verlas bien presto quizás;
y las vió; mas dio un grito observando
que dejaron las colas detrás.
¡Ay mis ovejitas! ¡Pobres raboncitas!
¿Dónde están mis colas? ¿no las veré más?

Pero andando con todo el rebaño
otro grito una tarde soltó,
cuando un gajo de un viejo castaño
cargadito de colas halló.
Secándose al viento, dos, tres, hasta ciento,
¡allí unas tras otra colgadas las vio!

Dio un suspiro y un golpe en la frente,
Y ensayó cuanto pudo inventar,
miel, costura, variado ingrediente,
para tanto rabón remendar;
Buscó la colita de cada ovejita
Y al verlas como antes se puso a bailar.

 

LA GALLINA Y EL CERDO

 

Bebiendo una Gallina
de un arroyuelo,
a cada trago alzaba
la vista al Cielo,
y con el pico
gracias daba a quien hizo
licor tan rico.
-¿Qué es eso? -gruñó un Puerco-,
¿Qué significa
tan ridícula mueca?
Y ella replica:
-Nada vecino.
La gratitud es griego
para un cochino.

Pero no hay alma noble
que no agradezca
hasta una gota de agua
que se le ofrezca;
y aun la Gallina
siente la inagotable
bondad divina.

 

EL COCHE

 

Triqui!
¡Traque!
¡Juipi!
¡Juape!
¡Arre!
¡Hola!
¡Upa! ¡vivo!, ¡carambola!

Así del pescante,
feroz, jadeante,
se explica el cochero
de un coche viajero
que alzando humareda
y atroz polvareda
veloz, bamboleante
más brinca que rueda.

Y el látigo zumba;
y todo retumba
con tal alboroto
cual de un terremoto
que al orbe derrumba,
y toda la gente
se agolpa imprudente
a ver qué noticia
al mundo desquicia,
o qué malhechores
o insignes traidores
cazó la justicia;
o qué personaje
va en urgente viaje
de cántaros de oro
que siguen ligeros
tal vez bandoleros,
galgos carniceros,
en pos del tesoro.
Al fin paró el coche
ya entrada la noche,
y abriólo el gentío
con gran reverencia,
y (¡extraña ocurrencia!)
lo hallaron… ¡vacío!

Tal es, en retrato,
más de un mentecato
de muchos que encuentro.
¡Qué afán! ¡Qué aparato!
y nada por dentro.

 

LOS DOS GUAPOS

 

Juraron dos conejitos
portarse a cual más valiente
dando muerte al viejo lobo
que anda asustando a la gente.
Cada conejo a su esposa
le ofrece un traje de gala:
desde antes de ir a buscar
la rica piel le regala,

y al gazapito querido
y a su adorada gazapa,
la cola del lobo fiero
que en esta ocasión escapa.
Salieron tambor batiente
y banderas desplegadas
haciendo temblar el mundo
al golpe de sus pisadas.
Llegaron, y a tan buen tiempo
como para el huevo el pan,
casualmente cuando entraba
en su cueva el perillán.
Alcánzanle a ver la cola,
y heroicos como una liebre
vuelven caras y huyen listos
trayendo a casa… la fiebre.

 

EL RENACUAJO PASEADOR

 

El hijo de rana, Rinrín Renacuajo,
salió esta mañana muy tieso y muy majo
con pantalón corto, corbata a la moda,
sombrero encintado y chupa de boda.

<<-¡Muchacho, no salgas! >> le grita mamá,
pero él le hace un gesto y orondo se va.

Halló en el camino a un ratón vecino,
y le dijo: << ¡Amigo!- venga usted conmigo, >>visitemos juntos a doña Ratona
>>y habrá francachela y habrá comilona. >>

A poco llegaron, y avanza Ratón,
estirase el cuello, coge el aldabón,
da dos o tres golpes, preguntan: << ¿Quién es? >>
<<-Yo, doña Ratona, beso a usted los pies. >>

<< ¿Está usted en casa? >> -<<Sí, señor, sí estoy; >>y celebro mucho ver a ustedes hoy;
>>estaba en mi oficio, hilando algodón,
>>pero eso no importa; bien venidos son. >>

Se hicieron la venia, se dieron la mano,
y dice Ratico, que es más veterano:
<>démele cerveza, hágame el favor. >>

Y en tanto que el pillo consume la jarra
mandó la señora traer la guitarra
y a renacuajo le pide que cante
versitos alegres, tonada elegante.

<<-¡Ay! de mil amores lo hiciera, señora, >>pero es imposible darle gusto ahora,
>>que tengo el gaznate más seco que estopa
>>y me aprieta mucho esta nueva ropa. >>

<>aflójese un poco chaleco y corbata,
>>y yo mientras tanto les voy a cantar
>>una cancioncita muy particular. >>

Mas estando en esta brillante función
De baile y cerveza, guitarra y canción,
La Gata y sus Gatos salvan el umbral,
Y vuélvese aquello el juicio final.

Doña Gata vieja trinchó por la oreja
al niño Ratico maullándole: <<¡Hola! >>
y los niños Gatos a la Rata vieja
uno por la pata y otro por la cola.

Don Renacuajito mirando este asalto
tomó su sombrero, dió un tremendo salto,
y abriendo la puerta con mano y narices
se fue dando a todos <>.

Y siguió saltando tan alto y aprisa,
que perdió el sombrero, rasgó la camisa,
se coló en la boca de un pato tragón
y éste se lo embucha de un solo estirón.

Y así concluyeron, uno, dos y tres,
Ratón y Ratona, y el Rana después;
Los Gatos comieron y el Pato cenó,
¡y mamá Ranita solita quedó!

 

LA POBRE VIEJECITA
Erase una viejecita
Sin nadita que comer
sino carnes, frutas, dulces,
tortas, huevos, pan y pez.

Bebía caldo, chocolate,
leche, vino, té y café,
y la pobre no encontraba
qué comer ni qué beber.

Y esta vieja no tenía
ni un ranchito en qué vivir
fuera de una casa grande
con su huerta y su jardín.

Nadie, nadie la cuidaba
sino Andrés y Juan y Gil
y ocho criadas y dos pajes
de librea y corbatín.

Nunca tuvo en qué sentarse
sino sillas y sofás
con banquitos y cojines
y resorte al espaldar.

Ni otra cama que una grande
más dorada que un altar,
con colchón de blanda pluma,
mucha seda y mucho holán.

Y esta pobre viejecita
cada año, hasta su fin,
tuvo un año más de vieja
y uno menos que vivir.

Y al mirarse en el espejo
la espantaba siempre allí
otra vieja de antiparras,
papalina y peluquín.

Y esta pobre viejecita
no tenía que vestir
sino trajes de mil cortes
y de telas mil y mil.

Y a no ser por sus zapatos,
chanclas, botas y escarpín,
descalcita por el suelo
anduviera la infeliz.

Apetito nunca tuvo
acabando de comer,
ni gozó salud completa
cuando no se hallaba bien.

Se murió de mal de arrugas,
ya encorvada como un tres,
y jamás volvió a quejarse
ni de hambre ni de sed.

Y esta pobre viejecita
al morir no dejó más
que onzas, joyas, tierras, casas,
ocho gatos y un turpial.

Duerma en paz, y Dios permita
que logremos disfrutar
las pobrezas de esa pobre
y morir del mismo mal.

 

EL PARDILLO
Este era el lindo PARDILLO
tan manso como galán.
Dulcísimo pajarillo
que con tierno cantarcillo
pedía miajas de pan.
Esta es la pérfida GATA,
insensible, atroz, ingrata,
que al PECHIRROJO embistió
y las uñas le clavó
y casi lo desbarata.
Este es el MASTIN valiente
que saltando noblemente
sobre esa gata verdugo,
libertó del fiero yugo
al pajarillo inocente.
Y este es el LEÑADOR
que vuelve de su labor
hacha al hombro y leña al brazo,
y a dar al amo un abrazo
corre el mastín salvador.
Y este es la NIÑA bonita
que va con su canastita
a encontrar a su papá
llevándole una cosita
que el viejo saboreará.
Y esta es la limpia cabaña
con flores y árboles bella
y un torrente que la baña,
donde vive la doncella
y el viejo que la acompaña.
Y este es el CUARTO sencillo
de dormir y de coser,
y a donde viene el pardillo
a repetir su estribillo
pidiendo algo que comer.
¿Y en qué paró aquel cantar?
-¡Ay! en llegando al hogar
la niña, el viejo y el perro,
tuvieron que hacerle entierro
con lágrimas de pesar.

 

SIMÓN EL BOBITO

 

Simón el Bobito llamó al pastelero:
<< ¡A ver los pasteles! ¡los quiero probar! >>
<<-Sí repuso el otro, pero antes yo quiero >>ver ese cuartillo conque has de pagar.

Buscó en los bolsillos el buen Simoncito
y dijo: << ¡De veras! no tengo ni unito. >>

A Simón el bobito le gusta el pescado
y quiere volverse también pescador,
Y pasa las horas sentado, sentado,
pescando en el balde de mamá Leonor.

Hizo Simoncito un pastel de nieve
Y a asar en las brasas hambriento lo echó,
Pero el pastelito se deshizo en breve,
y apagó las brasas y nada comió.

Simón vio unos cardos cargando ciruelas
Y dijo: -<< ¡Qué bueno! las voy a coger. >>
Pero peor que agujas y puntas de espuelas
le hicieron brincar y silbar y morder.

Se lavó con negro de embolar zapatos
porque su mamita no le dio jabón,
y cuando cazaban ratones los gatos
espantaba al gato gritando: ¡ratón!

Ordeñando un día la vaca pintada
le apretó la cola en vez del pezón;
y ¡aquí de la vaca! le dio tal patada
que como un trompito bailó don Simón.

Y cayó montado sobre la ternera
y doña ternera se enojó también,
y ahí va otro brinco y otra pateadera
y dos revolcadas en un santiamén.

Se montó en un burro que halló en el mercado
y a cazar venados alegre partió,
voló por las calles sin ver un venado,
rodó por las piedras y el asno se huyó.

A comprar un lomo lo envió taita Lucio,
y él lo trajo a casa con gran precaución
colgado del rabo de un caballo rucio
para que llegase limpio y sabrosón.

Empezando apenas a cuajarse el hielo
Simón el bobito se fue a patinar,
Cuando de repente se le rompe el suelo
y grita: << ¡Me ahogo! ¡vénganme a sacar! >>

Trepándose a un árbol a robarse un nido,
la pobre casita de un mirlo cantor,
desgájase el árbol, Simón da un chillido,
y cayó en un pozo de pésimo olor.

Ve un pato, le apunta, descarga el trabuco;
y volviendo a casa le dijo a papá:
<<Taita, yo no puedo matar pajaruco >>porque cuando tiro se espanta y se va. >>

Viendo una salsera llena de mostaza
se tomó un buen trago creyéndola miel,
y estuvo rabiando y echando babaza
con tamaña lengua y ojos de clavel.

Vio un montón de tierra que estorbaba el paso,
y unos preguntaban << ¿Qué haremos aquí?>>
<<-¡Bobos, dijo el niño resolviendo el caso, >>que abran un grande hoyo y la echen allí. >>

Lo enviaron por agua, y él fue volandito
llevando el cedazo para echarla en él:
así que la traiga el buen Simoncito
seguirá su historia pintoresca y fiel.

 

CUTUFATO Y SU GATO

I
Quiso el niño Cutufato
divertirse con un gato;
le ató piedras al pescuezo,
y riéndose el impío
desde lo alto de un cerezo
lo echó al río.

II
Por la noche se acostó;
todo el mundo se durmió,
y entró a verlo un visitante,
el espectro de un amigo,
que le dijo: << ¡Hola! al instante
¡ven conmigo!

III
Perdió el habla; ni un saludo
Cutufato hacerle pudo.
tiritando y sin resuello
se ocultó bajo la almohada;
mas salió, de una tirada
del cabello.

IV
Resistido estaba el chico;
pero el otro callandico,
con la cola haciendo un nudo
de una pierna lo amarró,
y, ¡qué horror, casi desnudo
lo arrastró.

V
Y voló con él al río,
con un tiempo oscuro y frío,
y colgándolo a manera
de un ramito de cereza,
lo echó al agua horrenda y fiera
de cabeza.

VI
¡Oh! ¡qué grande se hizo el gato!
¡Qué chiquito el Cutufato!
¡Y qué caro al bribonzuelo
su barbarie le costó!
Más fue un sueño, y en el suelo
despertó.

 

PENSABA EN TI
-¡Ah! por fin, ¡llegaste ya!
¡he pensado tanto en ti!
-¿De veras?
-Sí, papá.
-Y di,
¿qué pensabas de papá?
-Pues bien, pensé que quizá
me traerías un tití
o una muñeca…
-Hela aquí.
-¡Hola! ¡y qué galana está!
-Sí; pero hijita, ojalá
no me recuerdes así.
Pensabas en ti, no en mí;
y muy poco afecto da
y a nadie cautivará
quien no se olvide de sí.

 

BARCAROLA

 

Al rayo de la luna,
fanal de mi fortuna,
que boga por el rio
ligero de ola en ola,
te cantaré, bien mío,
mi dulce barcarola.

Al golpe de los remos
durmamos y soñemos
que vamos por el rio
bogando de ola en ola
cantándote, amor mío,
mi dulce barcarola.

¡Qué sueño más precioso
que en este tiempo hermoso
por este mismo rio
bogando de ola en ola,
cantándote, bien mío,
tu dulce barcarola!

O escucha: no cantemos,
durmamos o soñemos,
que al verte al lado mío
enamorada y sola…
siguió cantando el rio
mi dulce barcarola.


LAS FLORES

Dios para las muchachas
hizo las flores,
esos son sus confites
de mil colores:
y es más brillante
en su pelo una rosa
que un diamante.

Para escoger sus trajes
las señoritas,
Miran como se visten
las florecitas.
Naturaleza
es la mejor modista
de la belleza

 

TU BESO
¡Mujer, si tienes corazón, si sientes,
prueba que sientes, aborrece o ama!
¡Si me amas, por Dios, no me atormentes!
Y si es que me aborreces, ¿por qué mientes
esa sonrisa pérfida que infama?

Cuando tu boca ordena sonreída,
y al festín del deleite me convida,
y yo feliz me lanzo a obedecerte,
tú, al beso del amor y de la vida,
respondes… ¡con el beso de la muerte!

Encuentro inmóvil, indolente, frio
el mismo labio que el amor me jura,
y que dichoso ríe si yo rio;
ese labio que pide al labio mío
el sello abrazador de la ternura

¡Mujer, si tienes corazón, si sientes,
prueba que sientes, aborrece o ama!
¡Si me amas, por Dios, no me atormentes!,
o si a lo menos muerden esos dientes,
sea tigre y no cadáver quien me llama!

 

Al Despedirme de la Señorita D.O.

¿UN VERSO O UNA LÁGRIMA?

¿Cuando un adiós vengo a dar
pedirme un verso, mi amiga?
¿Qué quieres que en él te diga
Si hoy sólo puedo llorar?

En este blanco papel
¿qué puedo hacerte yo ahora?
En vez de un verso, señora,
vierto una lágrima en él.

Y bien mi lágrima está,
Ella por mí poetice,
Pues lo que verso no dice
la lágrima lo dirá.

No has de sospechar que yo
miento aflicción lisonjera:
Un verso mentir pudiera,
¿Pero una lágrima? ¡No!