En 1881 José
Asunción Silva dejó los estudios y comenzó
a trabajar en el almacén
de artículos importados de su padre. Allí se desempeñaba
como dependiente aunque también diseñaba los avisos
publicitarios y los reclames.
Al caer enfermo Ricardo Silva aquejado por una grave dolencia
intestinal, José Asunción tomó las riendas
del almacén. Dos años más tarde, en 1883,
Ricardo Silva le otorgó la emancipación a su hijo
y con ella el poder para tomar decisiones en calidad de socio.
Los viajes que padre e hijo hicieron a París en los años
siguientes tenían una clara razón comercial que
al final se tornaría desesperada, cuando la instauración
de la moneda de curso forzoso los llevaría a la quiebra.
En el almacén se vendían brandy de calidad, papel
de colgadura y mercancía francesa, ropa y quincallería
inglesas, perfumes, joyas y telas de todo tipo. Los Silva eran
además representantes exclusivos de los pianos Apollo.
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