William
Ospina,
(Padua, Tolima, 1954). Poeta, ensayista y traductor. Estudió
derecho y ciencias políticas en la Universidad Santiago
de Cali; trabajó como publicista y periodista de 1975
a 1990. Ha dictado conferencias y realizado lecturas de su
obra en distintas capitales del mundo. En poesía ha
publicado entre otros "Hilo de arena" (1986), "El
país del viento" (1992) y "La luna del dragon"
(1993). Ha escrito varios libros de ensayo, entre los que
se destacan "Es tarde para el hombre" , "Un
álgebra embrujada", "¿Dónde
está la Franja Amarilla?", "La decadencia
de los dragones", "Herida en la piel de la diosa"..
En novela ha publicado "Ursúa".
EL
AMOR DE LOS HIJOS DEL AGUILA
En la punta de la flecha ya está, invisible, el corazón
del
pájaro.
En la hoja del remo ya está, invisible, el agua.
En torno del hocico del venado ya tiemblan, invisibles, las
ondas del estanque.
En mis labios ya están, invisibles, tus labios.
William
Ospina
EL
CONDENADO EN LA PIRAMIDE
Piedra
a piedra la tierra busca el cielo.
Paso a paso hacia el sol suben mis plantas.
La brasa de la vida aún palpita en mi pecho
Y ocioso está en la piedra el cuchillo de piedra.
Si
eres toda la vida, ¿para qué necesitas mi corazón?
Si eres el fuego inmenso, ¿para qué necesitas
esta brasa?
Cada
peldaño me borra un recuerdo,
Y cuánto se parece a mi alma esta sombra alargada y
quebrándose
Sobre las últimas piedras del mundo.
William
Ospina
EL
GEOLOGO
Aquí
hubo un mar hace un millón de años.
El hombre no lo sabe, mas la piedra se acuerda.
Pártela: hay un cangrejo en sus entrañas,
Todo de piedra ya, forma magnífica
Que se negó a ser polvo.
Ante el peñasco y el guijarro, piensa
Que acaso fueron seres dolorosos,
Sangre y pulmones palpitantes.
Entre la ciega roca
Y el trémolo extasiado de la salamandra
Tan sólo hay tiempo.
William
Ospina
EN
LAS MESETAS DEL VAUPES
Qué
son las canoas sino los árboles cansados de estar quietos.
Qué son los postes de colores sino los árboles
hundiendo sus raíces en el cielo.
Qué son los puentes colgantes sino los árboles
jugando con el vértigo.
Qué son las alegres fogatas sino los árboles
contando su último secreto.
Follaje
de las ondas que va quedando atrás con el golpe del
remo,
Follaje de sonidos que en torno de los postes enardece al
guerrero,
Follaje de invisibles caminos que comienza en el confín
del puente,
Follaje de humaredas que ascienden en desorden entre las titilantes
orquídeas.
Con
granadillo hice el bastón para espantar a los malos
espíritus.
Con la madera del caobo hice las cuentas de un collar para
tu pecho oscuro.
Con fruto fresco del tekiba hice la copa en la que le ofreciste
el agua.
Con la madera del laurel hice esta flecha.
William
Ospina
INVOCACION
SOBRE EL RIO NEGRO
Hiere
aprisa las aguas, amigo,
De ti dependo ahora para llegar a las riberas del día.
Ya muchos meses estuviste inmóvil
Bajo los pies del pájaro.
Ahora es tuya la forma de la hoja,
Y el viento es más espeso y tiene peces,
Y atrás la oscsuridad se está llenando
De garras y de gritos y de puntas de hierro.
Hijo del árbol, sé más dócil que
nunca:
Vuela como la flecha, dile tu prisa
A la lenta serpiente que nos lleva en su lomo.
Mata las blandas leguas, espada negra.
Todo a mi espalda es cólera,
Y sólo enlaza su cordel a mis ojos
La cenicienta luz de la estrella.
Unica ala alterna de mi solitario descenso,
Divide la enmarañada cabellera del agua,
Apártame ese atrás lleno de barcas negras.
Por la caverna hostil de la noche,
A cada golpe ansioso de mi corazón hiere el agua.
Bastón del fugitivo, espada del que huye,
Sagrada rama,
Rema.
William
Ospina